UNIVERSITARIOS online 17

14 de noviembre de 2020 Desactivado Por C.U.R

Me pregunto si el Dr. Fernando Premoli, cuando vendió a Universitario, allá por el ´53, su -ahora- nuestra querida quinta, imaginó todo lo que iba a representar, ese predio, en la vida de nuestra institución. También me pregunto si el Dr. Premoli imaginó que esa casa de su quinta, en dónde seguramente habrá pasado muchos hermosos momentos, iba a derivar en un espacio social que habría de expandirse en abrazos para festejar triunfos deportivos así como para reponerse de ocasionales derrotas.
¿Habrá imaginado que el primer campeonato para celebrar iba a darse en el ´58 de la mano del Rugby? Y así fue. Y así sigue siendo y así seguirá seguramente: estamos hablando del estadio “Dr. Fernando Ruíz”, nuestra querida Quinta, así como mayúscula, nuestra querida Quinta.

Para rememorar estas cuestiones es que pedimos la palabra de Cacho Colla, un autorizado en la materia, el segundo Intendente de ese predio que, como dice entre risas, le dieron el cargo porque tenía una motoneta y podía llegar hasta allá. Porque de no ser así había que tomar el tranvía nro. 26 que llegaba hasta Arijón y O. Lagos. Y después caminata, claro. Todo esto sin olvidar que el primer Intendente fue Luis Cancino. Recuerda Cacho además que, la cancha de Rugby estaba donde está ahora la de Hockey porque entre ese espacio y el bar había un cañaveral de esos impenetrables y que tiran las raíces para el fondo de la tierra y son difíciles de quitar.

Volviendo al tema de la casa de Premoli, es claro que hubo que adecuarla para que funcionara como bar y esa adecuación se realizó por alguno de aquellos años ´50. Cacho trabajaba como dibujante en el Estudio de Carlos Esquerré y Emilio Ardanaz, hombre del Rugby del club, y esta gente se encargó de llevar adelante los trabajos que harían de esa casa un bar como hemos venido viendo hasta nuestros días, más allá de algunas remodelaciones intermedias de orden estético. Es decir que la estructura tomó forma por aquellos años que se mencionan. Es decir que, pasaron 50 años de aquella primera -y única- remodelación trascendente.
¿Y porqué el título que menciona esto de sostener los afectos de la memoria? Porque en ese espacio, en ese “bar de la Quinta”, entre esas paredes, me pregunto y les pregunto, ¿cuántos momentos tantos de nosotros hemos pasado? No sería exagerar si decimos que incontables. Incontables momentos de tantas sensaciones. Y, seguramente, todavía pueden escucharse las risas del mismísimo Cacho o de Chupino, las charlas entusiasmadas de Pity o del Vasco, la voz ronca del Ronco o el relato del partido por parte de Pepe o del Cumpa. Y después, otros también fuimos dejando nuestros felices fantasmas: Charlie, Pelo, la Lore, Alfredo, el Negro, Guille, el Anchoa y el Bocha, Mariana, el Colo, Pichón y tantos otros que se atropellan en la memoria de estas palabras escritas. Pavada de listado podríamos hacer. Hermoso listado de glorias y abrazos, sin duda alguna.

Y ha llegado el tiempo de la renovación: la de los afectos es la de siempre porque siempre vamos a estar renovando los afectos en nuestra querida Quinta, digo que ha llegado el tiempo de la renovación de ese espacio, de las paredes de ese espacio, de la arquitectura de ese espacio. Un nuevo lugar para continuar con la celebración de los afectos. Nos cuenta Fer Poza cómo fue ocurriendo el asunto. En diciembre de 2018 nos sentamos con la Comisión de Arquitectura para charlar este tema y al poco tiempo el “Chilo”, Marcelo Díaz Romero, empezó a delinear algunas ideas en cuanto la remodelación de la antigua casa. Se pensó en demoler todo pero, finalmente se determinó dejar la vieja estructura como parte de un pasado que nunca es malo recordar, como parte de la historia, y amalgamar la nueva construcción a la misma. En definitiva acá estamos frente a esta nueva obra en nuestro campo de deportes, tan deseada por todos los socios y que esperamos contribuya al bienestar integral de los mismos.

Bien dice Fer Poza que bien vale dejar la vieja estructura para tener presente el pasado. Para recordar esos primeros trabajos cuando la Quinta era una quinta y los cañaverales eran impenetrables, para recordar tanta vida vivida. Y así fueron dándose los trabajos, sosteniendo la memoria

Ya es una realidad, ya es tiempo de disfrutar de estos trabajos intensos, interesantes, imprescindibles. Ya es tiempo de que los abrazos por venir comiencen a dejar su huella en este nuevo y hermosísimo espacio para todos.